El 30 de abril de 2007 cuando actué como maestro de ceremonia de la entrega del Premio del Mes de
Fue en el Salón Morazán, me vio y me hizo la señal de “vení”. Me dijo diera la participación a un fulano después a él y no al revéz como estaba en el programa. Así lo hice. Luego, al final, el fotógrafo Aulberto Salinas, ex compañero mío de Diario
No soy fanático de andar apostándome a la par de celebridades para tomarme fotos y menos sin son más altos que yo. He entrevistado muchos y solo después me doy cuenta que hubiese sido bueno inmortalizar tal o cual plática. De hecho despreció la compulsión de algunos que gustan de esa práctica. Además, pensé que con esa foto me ganaría las mofas de mis amigos y amigas. Pero ese día, no quería hacerle un desaire a Salinas.
Dos veces me llamó “el Tigre” para que fuese a recoger la foto y otra vez por no desairarlo pase por ella 15 días después. Seguro estaba que esa foto la guardaría más por quien la tomó que por el susodicho Manuel Zelaya.
Mel me había llamado la atención cuando fungió como director del Fhis, con algunos proyectos a favor de las etnias. Siendo presidente no me había logrado atraer.
Sin embargo pasado un año de aquella foto, ya no me desagrada tanto. Tendré para contarle a mis bisnietos que en algún momento de la historia hubo un presidente al que todos creían desinteligente, pero que tenía una alta dosis de testicularidad que se le paró a los poderosos que rigen el país.
Mel me ha ayudado a ver, con más claridad, a los poderosos que tienen convertido a Honduras en su patio. Todos andan molestos con él, porque no pueden hacer lo mismo que hacían con los otros.
No es necesario nombrarlos, pero los presidentes que antecedieron a Mel fueron unos perros que hacían todo lo que les mandaba la vulgar aristocracia de Tegucigalpa y San Pedro Sula.
Esa turcada nefasta y sus amigastros ladinos, son un cáncer social. Viven de la extorsión a los gobernantes. Sospecho que Mel ha cedido en muchas cosas, pero, insisto, en que nos ha enseñado mucho, para muestra el cierre del Toncontin para aviones grandes.
Los ricos de Tegucigalpa lo quieren tener abierto, por puro negocio. Han inundado de dinero los medios de comunicación para presionar a Zelaya, pero éste se mantiene firme en su decisión. Los altos intereses individuales o de grupo son los que se manifiestan en que el Toncontín (Nombre feo, fiel imagen del aeropuerto) siga abierto a los naves con capacidad para más de 42 pasajeros. A estos varones del dinero no les interesan los pobres
Antes del accidente del 30 mayo, el aeropuerto Toncontin era el peor del mundo, ahora en a juicio de Ricardo Álvarez, es el mejor. El alcalde de Tegucigalpa es un mandadero de la aristrocacia disfrazado de populista. Sus argumentos vacíos dilapidan sus esporádicas muestras de inteligencia.
Palmerola debe convertirse en aeropuerto Internacional, Comayagua es también Honduras, ellos también tiene derecho, el país crece……
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